Problemas de conducta más comunes

A continuación, te detallamos los problemas de conducta por lo que más frecuentemente consultan los dueños. Pero antes, te comentamos algunas características comunes a la mayoría de las consultas:

El primer eslabón en un proceso de Modificación de la Conducta siempre es la “Entrevista preliminar”.

Aquí se definirán las conductas a modificar, se evaluará la dimensión del problema y se analizarán diversos aspectos relevantes para el diseño del tratamiento.

Por último, resulta útil destacar, que en la mayoría de los casos,  no suelen presentarse “conductas indeseables” en forma aislada. Por lo general, lo que se observa en la práctica, es la manifestación de una serie o conjunto de conductas indeseables, las cuales en buena medida, no son otra cosa que el modo en que el perro incorporó el ambiente en el que vive.

Obviamente, la presentación de varias conductas problemáticas superpuestas, tanto las que presenta el perro, como las que presentan sus dueños, en lugar de una sola, introduce una dificultad y una complejidad adicional, tanto al análisis de la situación, como así también al diseño de un tratamiento eficiente. De todas maneras, en Escuela Canina GB, somos expertos en abordar problemas de conducta complejos.

Ahora sí, a continuación, te detallamos las conductas indeseables por las que más consultan los dueños de perros:

  • Hiperactividad. El comportamiento hiperactivo es la conducta indeseable más generalizada en cachorros y perros jóvenes.
    Dado que el nivel de actividad motriz está modulado en parte por el aprendizaje, una educación mal orientada puede originar, entre otras cosas, un exceso de actividad que muchas veces resulta molesto para los dueños.

Las manifestaciones más comunes en un perro hiperactivo son:

  1. La excitación frecuente.
  2. La dificultad generalizada en el control de su conducta.
  3. Los saltos bruscos como modo habitual de interacción con las personas.
  4. La presentación frecuente de conductas activas demandantes como saltar, ladrar, rascar o robar objetos, con el fin de acceder a determinados beneficios, como recibir atención, caricias, comida, juego, libertad o el permiso de pasaje de un sector a otro de la casa.
  • Comportamiento destructivo. Si bien puede manifestarse ante la presencia o ausencia del dueño, en general, es más frecuente la consulta, cuando el perro destruye objetos supuestamente prohibidos, al quedar solo. Suele presentarse mayormente en perros activos o en perros que se encuentran en ambientes que les ofrecen una serie de “diversiones” por debajo de sus “expectativas”.
  • Hábito sanitario indeseable. Implica utilizar lugares que no son los que desea su dueño, para realizar sus necesidades fisiológicas.
  • Desobediencia. Se activa ante una indicación del dueño y consiste en no ejecutar tal indicación. En la mayoría de los casos, la desobediencia es parcial, es decir, a veces se presenta y a veces no. En general, aumenta su probabilidad en la medida en que el perro se encuentra estimulado, al momento de recibir el comando, por situaciones que le resultan más atractivas que obedecer.
  • Ansiedad por separación. Se presenta ante situaciones en las que el perro se lo deja sólo. Las manifestaciones más comunes de esta dificultad para quedarse solo, suelen ser el ladrido excesivo y la destrucción de objetos. En muchos casos, los perros dejan de comer, producto de la desregulación emocional que se presenta y mantiene, hasta tanto su dueño vuelva.
  • Miedo. El miedo es una respuesta de autoprotección ante situaciones que se procesan como peligrosas o perjudiciales. Se incluye en la categoría de conductas indeseables que requieren tratamiento, cuando se presenta ante estímulos que no representan un peligro para el animal y, al mismo tiempo, cuando se observa un deterioro de la calidad de vida del perro, consecuencia de las actividades o situaciones que éste evita. En general, suele expresarse con inmovilidad, enfrentamiento o huida. Pero también pueden observarse otras manifestaciones como jadear, ir de un lado a otro, esconderse, temblar, salivación y falta de apetito, entre algunas otras manifestaciones menos comunes. A su vez, dentro de los desencadenantes más comunes de estas manifestaciones, encontramos los ruidos intensos, paseos por la calle, cambios de ambiente, personas desconocidas, otros perros, otras especies y estímulos novedosos en general, entre otras posibilidades de baja probabilidad.
  • Agresividad. La agresividad, si bien afortunadamente es una conducta poco frecuente, cobra suma importancia por el peligro que acarrea. Por este motivo, encabeza el ranquin de consultas en perros que superan el año de edad. Al igual que otros comportamientos indeseables, la conducta agresiva se presenta en diversos grados. Comprende una variedad de señales emitidas por el perro que incluyen tanto vocalizaciones (gruñidos, ladridos), como piloerección, leve elevación del labio superior, mirada transversal mostrando los dientes, elevación de la postura corporal, ataque y mordida (De Palma, Viggiano, Barillari, Palme, Dufour, Fantino & Natoli, 2005; Mugford, 2007). Si bien hasta el más mínimo grado de agresión representa un riesgo potencial, la frecuencia, intensidad y duración de la conducta agresiva, como así también las variables ambientales que aumentan su probabilidad de ocurrencia (desencadenantes), serán determinantes para evaluar su nivel de peligrosidad y el tipo de tratamiento. Por ejemplo, gruñido, tarascón, mordida breve y mordida prolongada representan diferentes niveles de gravedad de la conducta agresiva. Este comportamiento se presenta con frecuencia ante situaciones “incómodas” para los perros.  Es común que la conducta agresiva, en cualquiera de sus grados, sea utilizada como un instrumento para resolver problemas. En este tipo de casos, los perros manifiestan un comportamiento “socialmente aceptado” mientras no perciben una situación que interpretan como problemática para ellos.  Dentro de las manifestaciones más comunes de la conducta agresiva encontramos: la agresión dirigida al dueño, a personas desconocidas, a niños y a otros perros.

Otras veces la conducta agresiva se presenta ante situaciones que generan miedo. En estos casos el comportamiento agresivo se hace más probable si el animal ve imposibilitado su escape.

Por último, un perro puede morder por estímulos que activan un comportamiento predatorio. Los estímulos que desencadenan conductas de presa se caracterizan por presentarse en movimiento y, en general, alejándose del animal. Existen diversas clasificaciones de la agresión. Por ejemplo, para Borchelt (1983) existen ocho subtipos: inducida por miedo, dominancia, intraespecífica, por castigo, por dolor, posesiva, protectiva y predatoria. Si bien la mordida de un perro, potencialmente puede resultar grave en cualquiera de estos subtipos, la importancia de identificar la situación que la desencadena se debe principalmente a dos puntos: en primer lugar, permite definir el  tipo de tratamiento, estimar su pronóstico, como así también, nos pone en mejores condiciones para  prevenir, dado que conocemos los estímulos que la activan. 

  • Desórdenes compulsivos. Es una conducta indeseable que rara vez se observa en condiciones domésticas adecuadas y cobra importancia cuando su frecuencia, intensidad o duración deteriora la calidad de vida del perro. En casos graves el perro deja de hacer otras actividades más saludables como explorar, relacionarse con otros perros o con humanos como consecuencia del extenso tiempo que le dedica a un comportamiento en particular. También se observa una importante dificultad para interrumpir estas conductas y “pasar a otra cosa”, lo cual restringe la probabilidad de que el animal distribuya su energía y su tiempo entre varias actividades. Se presentan principalmente en perros activos y/o en los casos en los que el ambiente no provee de la estimulación suficiente para una vida saludable.

Estas alteraciones comprenden la destrucción de objetos, plantas, muebles y elementos de la casa, hacer hoyos, hiperactividad, persecución de la cola, giros (circling), conducta de ir y venir, mirada fija hacia una sombra, lamido y acicalamiento excesivo,  cazar moscas imaginarias y vocalizaciones excesivas (Blackshaw, 1988, Chan Yeon, 2007; Diesel et al., 2008; Jagoe & Serpell, 1966;  Stafford, 2007; Odendaal, 1996; Riva et al., 2008, Wells & Hepper, 2000).

Desde la predisposición biológica, se observó que determinadas razas  presentan una tendencia mayor a la normal para desarrollar desórdenes compulsivos. Se ha observado que el Ovejero  Alemán y el Bull Terrier son más propensos a tener conductas compulsivas de giros y persecución de la cola (Luescher, 2000).  Por otra parte, las razas de perros grandes, como el Labrador Retriever y Pinscher Doberman, tienden a presentar lamido persistente, que generalmente causa lesiones (Luescher, 2000).