La tendencia a intentar explicar el comportamiento que observamos en los perros recurriendo a factores internos no se encuentra libre de riesgos. A modo de etiquetas, solemos echar mano a supuestas causas internas cuando afirmamos que un perro es reactivo, agresivo, inseguro, miedoso, o asertivo, entre otras posibilidades. Si bien hablar en estos términos nos genera la sensación de estar entendiéndonos acerca del perro en cuestión, no podemos dejar de considerar el potencial peligro que esta modalidad acarrea, principalmente cuando nuestro objetivo es modificar el comportamiento. Nuestro pronóstico de éxito se reduce significativamente cuando, sistemáticamente y en forma automática, consideramos que la supuesta causa interna del comportamiento es una verdad de la cual partimos, más que una hipótesis a confirmar. No necesariamente la base del iceberg es la causa de la punta que observamos. Inclusive, es bastante probable que la base del iceberg, si sigue siendo iceberg, más que la explicación de lo observado, sea también parte de lo que debemos explicar.

El análisis funcional (AF), nuestro procedimiento rector, nos permitirá identificar las variables, externas e internas, de las cuales la conducta de un perro es función. El beneficio comparativo del AF es muy simple: aumentamos la probabilidad de diseñar intervenciones eficaces. 

Gustavo Bianco
Adiestrador Canino AF
Lic. en Psicología